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La RFID en alimentación reduce un 30% la pérdida en productos perecederos

marzo 23, 2017

 

La identificación por radiofrecuencia es, desde hace años, una tecnología ampliamente valorada por las marcas de moda, especialmente en el contexto omnicanal en el que nos encontramos. Recientemente, la industria alimentaria también ha empezado a ver el potencial de la RFID para reducir el desperdicio alimentario, uno de los grandes retos del sector, y Checkpoint Systems ha desarrollado soluciones específicas para afrontar la problemática.

Los distribuidores europeos desechan cada año 14.000 millones de euros en carne de res, pollo, cerdo y pescado. Según explicó Carlos López, Director Comercial de RFID en el Sur de Europa, durante una ponencia en el EuroCIS Forum, la gestión de las fechas de caducidad y de consumo preferente es un auténtico quebradero de cabeza para las cadenas alimentarias.

Por este motivo, muchos minoristas de este sector están empezando a incorporar la RFID en sus negocios. Una de las innovaciones más novedosas es FreshFinder, una solución que ayuda a controlar el stock, permitiendo la gestión de la caducidad y la reposición de la mercancía de una forma sencilla, rápida y eficiente.

Según destacó Carlos López, esta solución, que ya ha sido testada en siete importantes cadenas de distribución a nivel europeo, permite reducir el desperdicio en productos frescos más de un 30%, disminuir hasta un 80% el tiempo que los empleados dedican a realizar el conteo de inventario y asegurar la frescura de los productos en el lineal para garantizar una experiencia de compra satisfactoria, lo que puede significar un aumento de las ventas próximo al 7%.

La potencialidad de la RFID en alimentación se despliega en su totalidad cuando las etiquetas de identificación por radiofrecuencia se aplican en el centro de producción, ya que solo así se puede lograr una trazabilidad precisa y en tiempo real de los productos alimenticios en toda la cadena de suministro. El etiquetado en origen también comporta que los productos lleguen a las tiendas ya protegidos y que los empleados no tengan que dedicar tiempo a etiquetarlos manualmente.